Si vives en una comunidad con piscina, lo más seguro es que en alguna ocasión hayas invitado a amigos o familiares a pasar un día divertido y refrescarse del intenso calor, un tema que, precisamente, abordamos en el post anterior. Lo normal es que nunca ocurra nada pero esto no quita para que estéis expuestos a la posibilidad de sufrir algún golpe o caída que derive en una lesión. ¿Y qué ocurre cuando sucede algo así?.

Desde los típicos resbalones al bajar las escaleras, a los cortes o  caídas, son los riesgos más frecuentes en la piscina. Y también puede haber accidentes más graves como ahogamientos o lesiones medulares. Por ello, no hay que olvidar que el bañista siempre debe cumplir la normativa de la comunidad y los propietarios están obligados a cumplir una serie de obligaciones legales.

Aunque la normativa varía en función de la Comunidad Autónoma en la que nos encontremos, por regla general, tienen puntos comunes. Así, en caso de lesión, es responsabilidad de la Comunidad de Propietarios (o de quién explote la instalación) cuando una persona sufre un accidente debido al mal estado de la misma o al incumplimiento de la normativa de uso y mantenimiento. No obstante, para ello también es muy importante que no exista ninguna responsabilidad, negligencia e incumplimiento por parte del bañista.

No cabe duda que la Comunidad de Propietarios está obligada a cumplir la normativa vigente en la Comunidad Autónoma en la que se ubica. Hablamos de normas administrativas como, por ejemplo, la obligación de contratar socorrista y otros servicios, siempre que la piscina esté abierta al público. La Ley de Propiedad Horizontal no obliga a las Comunidades a concertar un seguro de responsabilidad civil, pero siempre es recomendable, especialmente en las que hay instalaciones de este tipo.

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